




Todas estas imágenes rememoran los años en los que el lado militar de Cosa Nostra optó por hacer la guerra abierta al Estado. Bombas, como en Irak ahora. Bombas en monumentos. La iglesia de San Giovanni Laterano, en Roma, la galería Ufizzi, en Florencia. Bombas a jueces y funcionarios del Estado como única salida para mantener el régimen. Los Corleoneses optaron por la guerra abierta porque era la angustiosa manera de mantener el poder, de no ser barridos por sus aliados. Porque habían fallado, porque habían perdido la batalla anterior. En Cosa Nostra no te llega una carta de despido. Si alguien no cree en tí, te elimina, y se coloca él. Antes de que eso ocurriera los corleoneses se pusieron a dejar bombas en todas partes. Una de ellas falló delante del estadio Olímpico de Roma, en un Roma-Lazio. De haber explotado tal como estaba preparado lo hubiera hecho en medio de un auténtico gentío.
Ahora los jefes vivos de los corleoneses parecen querer amenazar con una vuelta a la violencia. Entre ellos se escriben postales donde sale el mismo estadio Olímpico, o se dejan mensajes con ocultas referencias a Forza Italia. Provenzano no está, y sus sucesores huyen de cualquier ruido que pueda perjudicar el negocio. No van a volver las bombas, pero tampoco nadie se va a ir de su negocio. Sólo cuando el estado les obligue a defenderlo con sangre, volverán las bombas. Pero que nadie piense que auqne no haya bombas ellos no están.