
Si no recuerdo mal –hablo de memoria- el gobierno Prodi es el número 53 en Italia desde que acabara la segunda guerra mundial. Medio siglo, cincuenta gobiernos. La única legislatura acabada fue la de Silvio Berlusconi, es decir, la anterior a esta de Prodi que agoniza. Dos cosas sobre lo visto. La vergüenza de los democristianos, que abandonan a Prodi después de la crisis que ha producido el hecho de que su portavoz, el ministro de justicia, Clemente Mastella, hubiera de dimitir por su implicación en el caso de su esposa. Su salida del gobierno no ha sido sino un golpe devuelto, en forma de crisis de estado. Si la justicia ha actuado contra el Udeur, su partido, el Udeur entiende que se necesita un gobierno que imponga otra justicia. Y segunda consideración, esta dedicada a expertos, analistas e inútiles de todos los países, también el nuestro: no han acertado. Todos decían y decían que la mayoría ajustada de Prodi se rompería por sus “peligrosas amistades” con comunistas y eurocomunistas. Ellos harían caer el gobierno, predijeron. Prodi tenía que acercase al centro, a los socialistas cristianos, decían. Aquí está el final. En un 90% de probabilidades habrá elecciones. Una vez más, el país es tomado por algunos partidos como un tablero de juego donde ganar y perder bazas de poder. Industriales que prestan apoyos, banqueros que cambian de amigos, socios peligrosos y clientes a los que contentar. ¿A alguien le es familiar este discurso?